Una democracia con pobreza no es una democracia. Solo es una democracia cuando todos tienen un mínimo económico.
Si existen 40 millones de pobres, como en EE UU, entonces ese país no es rico.
Un impuesto a los supermillonarios es algo básico.

domingo, 10 de noviembre de 2019

Romancero Gitano. Arriaga.

Nuria Espert son como esos artistas flamencos que parecen hacer todo fácil, como quien respira, porque están bendecidos por el duende, y decir duende es decir Lorca, que siempre acude cuando alguien le pide ayuda en épocas turbias y mediocres.
Espert finge que lee, o lo contrario, que improvisa, pero está todo aprendidísimo, como esa primera persona que a veces parece ser la actriz contándonos cómo descubrió la poesía lorquiana, y a veces la voz de Lorca mismo, como si estuviera reunido en su cuarto con sus amigos.
Espert convoca también cuatro grandes ecos femeninos, cuatro mujeres solas: Marianita Pineda, Yerma, la madre de Bodas de sangre y doña Rosita, desfilando a ritmo de carrusel fantasma. Y la eterna, profunda soledad de Federico, el Federico aterrado que para cruzar la calle necesita cogerse del brazo de alguien, y hacer teatro porque “en el teatro todo se comparte”. 

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