Europa debería aprovechar la oportunidad que ofrece la derrota del populismo euroescéptico en Hungría para avanzar en su integración antes de que la internacional ultranacionalista se recupere del golpe recibido.

sábado, 2 de noviembre de 2019

Negar el saludo a un fascista es un acto político y además puede ser hasta higiénico.

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Termina el debate a siete en el que Iván Espinosa de los Monteros llama racista y xenófobo a Aitor Esteban y todos salen de sus atriles dispuestos a olvidar lo dicho durante la emisión televisiva y a saludar con una sonrisa forzada para ofrecer la mano a quien minutos antes ha insultado y despreciado. 

El portavoz del PNV muestra algo de dignidad y se niega a saludar a un fascista. Y todavía hay debate. No se saluda a fascistas. Es de primero de cultura de antifascista y no solo hay que tenerla, sino ejercerla. Negar el saludo a un fascista es un acto político y además puede ser hasta higiénico. Hay que recordar que las manos estrechadas pueden tener 3.200 bacterias, incluidas algunas fecales. No quieres mierda fascista en tus manos.