viernes, 1 de octubre de 2021

El periodismo y el diferente trato a los dramas humanos.

eldiario.es//volcan
El 19 de septiembre, el día que inicié mi última "Martxa Motera", un volcán dejó de anunciar que eruptaría y su furia salió a la superficie. Desde entonces, los medios españoles están copados por la historia. Nos cuentan todo, con el famoso lujo de detalles; muchos programas de radio y de televisión, de hecho, se mudaron allí para entrar en el superlujo de detalles; las leyendas "en directo desde La Palma" o "la erupción en directo" o "última hora del volcán" pululan y desbordan.

Mientras tanto, a unos kilómetros de allí, cientos o miles de personas
están tratando de lanzarse al mar. En los seis primeros meses de este año, 1.922 personas murieron o desaparecieron tratando de llegar desde las costas africanas a las islas Canarias. Más de 300 personas cada mes: un promedio de más de diez muertos por día –y el flujo no se para. A veces, esas historias, esas muertes, merecieron una notita en algún diario; casi siempre no.

Sabemos todo sobre el avance de la lava –y por qué avanza la lava, y hacia dónde va, y qué harán las aseguradoras con las casas y los bananeros, y cuánto va a poner el estado para recuperarlos, y la iglesia que se vino abajo y todo el hondo drama humano, tan hondo, tan humano. No sabemos un carajo sobre esas –alrededor de– dos mil personas que se murieron tratando de mejorar sus vidas, dispuestos a jugársela toda para mejorarla: valientes sin fortuna.

No es que los dos asuntos tengan mucho que ver; es solo que suceden en el mismo lugar. Algunosos periodistas, los más, deberían de preguntarse por su trabajo. Si acaso para dejar de hacer lo que "ellos" –una vez más, quiénes son "ellos"– les imponen que hagan. Para dejar de hacer el tonto.