Valencia bien vale una misa, una vicepresidenta, dos ministros y lo que haga falta con tal de callar a una derecha que confunde los oficios católicos con los homenajes de Estado, parece sentir nostalgia de los tiempos del nacionalcatolicismo de la dictadura e ignora que España es un país aconfesional por obra y gracia de esa Constitución que tanto abraza.
¿Por que se condena a una inmersión en una lengua que no conocen a la mayoría del alumnado vasco?
Exigir euskera en oposiciones garantiza que los puestos queden repartidos en una parte de su población, pero no su uso ni el acercamiento en positivo del resto a esa otra lengua propia del país.

