Hay entidades que todavía sostienen que la mejor manera
de diferenciar las clases sociales o de distinguir a las personas
educadas y cultas, del resto del "populacho",
mantienen estrictas medidas de protocolo en el vestuario.
Así, La Bilbaína, entidad que no necesita presentación
y mantiene la distinción entre la "bilbainía de pro",
mantiene medidas arcaicas y sexistas entre sus visitantes.
Las mujeres pueden "presentarse" como quieran, no así los varones.
Zapatillas de deporte, vaqueros o camisetas no son bien recibidas.
Últimamente se acepta la ausencia de la corbata,
pero la chaqueta resulta "imprescindible".
Y un día como hoy en el que la climatología anima más
a llevar ropa de abrigo ante el frio y la lluvia,
los "inspectores de la vestimenta"
no dudan en recordarte la ausencia de la pieza clave
y a "sugerirte" que aceptes una chaqueta "prestada".
Ya me gustaría verles entrando a la mano derecha de Trump,
con gorra, camiseta, vaqueros y zapatillas deportivas,
y ante las sugerencias trasnochadas antes comentadas
estimular al yanqui a que compre el edificio,
que lo convierta en un MacDonald y mande al olvido
semejante antediluviana tradición.
¿Por que se condena a una inmersión en una lengua que no conocen a la mayoría del alumnado vasco?
Exigir euskera en oposiciones garantiza que los puestos queden repartidos en una parte de su población, pero no su uso ni el acercamiento en positivo del resto a esa otra lengua propia del país.
