Sigilosamente preparé el café y una vez hecho avancé sin hacer ruido hasta la terraza. Me senté frente al mar, junto a la mesa, con el cuaderno de espirales verde abierto por la primera página aún virgen, con un vulgar bolígrafo “Pilot” azul y con una taza de humeante café con una nube de leche. Miré la hoja cuadriculada. Miré el mar, sobre los tejados. Blanco, azul. Y pensé como podía empezar ese diario que se convertiría en mi pasatiempo matutino. Me serviría de distracción durante ese par de horas que transcurrían desde mi primera taza de café hasta la hora del desayuno de Unai.
No hay que montar numeritos para aparentar que se hace algo.
Lo fundamental es saber a dónde llega, doónde se guarda, domicilio de patruyeros y quienes están en su entorno.
Y no me creo que la G.C. no lo sepa.
¿Por qué no se modifican las leyes para "facilitar" el trabajo de la G.C.?