Era temprano. Todavía quedaban más de dos horas para que Conchi llegara a nuestra escalera. Así que preparé una cafetera, unas tostadas, cogí mi diario y me senté en la terraza, al fresco de la mañana.
Y en ese forzado pulso gana siempre la ultraderecha, gana Trump,
que además dedica fondos millonarios a subvencionar los chiringuitos ultraderechistas europeos y españoles .
Las izquierdas aún pueden –y deben– defender unas políticas migratorias eficientes y respetuosas con los valores europeos y los derechos humanos.
No caigamos en la trampa del patrioterismo barato..