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No es el momento para hacer de todo esto una guerra política más. Dejen de lado sus miserias partidistas y seamos útiles. Las banderas, ni alimentan ni curan virus.
del Estado de Alarma. Quédate en casa. Paciencia, solidaridad y optimismo.

jueves, 18 de julio de 2013

Rajoy es un naipe de un castillo de naipes.

Ni una película de gangsters ni una novela negra que cuente el final de este ciclo de tres décadas de restauración democrática, nos van a quedar algunos retratos.
1. RETRATOS TENEBRISTAS, como el de la monarquía que ya se va pareciendo mucho al retrato de Dorian Gray, y aunque Diego Torres, el socio de Iñaki Urdangarin, ha dado unos brochazos para definir algo las figuras realmente parece ser más bien un autorretrato.
El retrato de la derecha, en cambio, tiene nombre de autor y no es Goya sino Luis Bárcenas quien está retratando a toda la derecha española. Creo que pocas veces será más justo aceptar la intuición de Freud de la relación íntima entre la mierda y el dinero, entre la corrupción política y la corrupción económica. O sea el retrato de tres décadas del partido que agrupa a toda la derecha española y que representa de modo destacado a los poderes económicos, a la Iglesia y a las entrañas del Estado. Con razón consideran sin rebozo que España son ellos, o sea "la gente normal", "la gente como Dios manda", "lo razonable", "lo que dice el sentido común"... Ellos y ellas son la realidad, y lo demás son sueños de ilusos. Desde esa conciencia paranoide suele hablar Mariano Rajoy y es como hay que comprender la identificación que acaba de hacer en una rueda de prensa amañada, lo que indica su talante antidemocrático y revela también su miedo a afrontar las preguntas, que tiene cosas que esconder. Si él chantajea o es chantajeado resulta que eso le ocurre al Estado, ni reyes ni nada: "L´État, c´est moi" y si cuela coló.
Es imposible que cuele, pero lo que hace es arrastrar al Estado con él a su abismo particular, un abismo oscuro donde circulan bolsas, cajas y sobres con dinero, donde según tanto Bárcenas como su antecesor Álvaro Lapuerta, se chantajea, se compra, se amenaza a hijos, nietos y esposas...