Europa debería aprovechar la oportunidad que ofrece la derrota del populismo euroescéptico en Hungría para avanzar en su integración antes de que la internacional ultranacionalista se recupere del golpe recibido.

martes, 5 de diciembre de 2017

Está en juego la reconstrucción de la convivencia.

Según el CIS, un 48’9% de catalanes piensan que la situación actual de Catalunya es peor que hace dos años, y un 25,6% piensan que es mucho peor. Un escenario nada halagüeño para un Parlament que se prevé muy fragmentado, en el que los acuerdos entre grupos serán imprescindibles y que encontrará su primer gran reto en la investidura de un president.

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Por todo ello, es importante que en estas dos semanas de campaña electoral la ciudadanía catalana exija a sus futuros representantes propuestas concretas sobre políticas públicas que superen el monólogo de las banderas y la pugna de identidades. 

Deberían exigir que vuelvan a la política, que hagan propuestas para mejorar la vida cotidiana de la ciudadanía y que apuesten por medidas constructivas que superen el frentismo en el que llevan ahogados meses, que ahora tiene forma de políticos presos o huidos y que antes tuvo forma de falta de diálogo y de respeto de la ley. 

Lo que está en juego es la reconstrucción de la convivencia, y ahí no valen victimismos ni grandes consignas. Es hora de hacer política en el corto plazo, no cortoplacista, para garantizar el futuro político de Catalunya en el medio y largo plazo.