Europa debería aprovechar la oportunidad que ofrece la derrota del populismo euroescéptico en Hungría para avanzar en su integración antes de que la internacional ultranacionalista se recupere del golpe recibido.

martes, 12 de diciembre de 2017

Es razonable pensar que si se admitiera el derecho a la secesión de Cataluña decenas de territorios reclamarían no ser menos.

Tras tantos meses hablando de lo mismo es difícil encontrar algo nuevo pero, en estas vísperas electorales, personalidades europeas de relieve han planteado sus propias interpretaciones sobre lo que está en juego el día 21. 
El presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, argumenta con un criterio pragmático que si se admitiera el derecho a la secesión de Cataluña decenas de territorios reclamarían no ser menos, tornando ingobernable la UE. Su vicepresidente, Frans Timmermans, declara que todos los ciudadanos tienen derecho a organizarse para cambiar las leyes que no les satisfagan; y que a lo que no tienen derecho es a ignorarlas.
Lo que remite al principio sustancial del Estado de derecho sintetizado en la fórmula según la cual “la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento”. Lo que parece pensado para describir la actitud del independentismo catalán durante los últimos años. Y ¿qué relaciones civilizadas serían posibles si bastase con no reconocer la competencia de un tribunal para quedar excusado de acatar sus sentencias?