Europa debería aprovechar la oportunidad que ofrece la derrota del populismo euroescéptico en Hungría para avanzar en su integración antes de que la internacional ultranacionalista se recupere del golpe recibido.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Iceta y el tercer eje

Dicen los politólogos que el sistema electoral catalán se sustenta en dos ejesel ideológico y el nacional. Dicen que los electores, cuando votan el Parlament, activan estas dos coordenadas para decidir a qué siglas apoyan. Y los partidos, lógicamente, piden el voto en función de esta demanda. 

Desde el año 2012, el denominado eje nacional ha resultado dominante y se ha transformado en una disyuntiva entre independencia o no independencia. Esta coordenada ha marcado los pactos de Gobierno y en los últimos comicios incluso marcó también las coaliciones que se presentaron con el experimento de Junts pel Sí. 

De cara al 21-D, podríamos decir que la decisión de Esquerra de no sumarse a la lista de Puigdemont ha reverdecido el eje ideológico al permitir a los votantes seguir fieles a su ideal independentista sin renunciar a sus diversos acentos ideológicos.

Parece que los electores han introducido una nueva variable en los factores que marcarán su elección final: el eje orden/desorden. Los tumultos del 20-S, las porras del 1-O, la huelga del 3-O, las batidas de la extrema derecha, la salida de empresas o la encarcelación de dirigentes políticos han sumido a algunos votantes en un desconcierto del que saldrán en el último minuto en una dirección o en otra en función de a quienes atribuyan las causas del desorden.

Iceta cuenta con atraer a los votantes de Junts pel Sí que culpen a Puigdemont Esquerra, y a los del PSC o Catalunya en Comú que responsabilicen a Rajoy. Esa es la partida.