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jueves, 9 de agosto de 2018

La villa de Bilbao. Su historia. Cap. 09

Bilbao en el siglo XVII

Historia y desarrollo económico-social

La prosperidad de mediados del siglo XVI había conseguido un cambio en la estructura social. Se había consolidado una nueva “nobleza”: la de los Comerciantes y Funcionarios. La vieja aristocracia pasa a un segundo plano.
También reaparecieron ciertas rencillas entre la Tierra Llana y la Villa. Seguían con sus pléitos y con sus discordias. Era una guerra contra los nuevos “jauntxos” que detentaban el poder y que habían acumulado capital con el ejercicio del comercio. Los aldeanos incrementaron su odio contra los poderosos, odio que se concentró de una forma especial en la Villa de Bilbao.
                                                                          

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Como ya hemos indicado en el capítulo anterior, Bilbao empieza este siglo XVII sumido en una época de crisis. Crisis motivada por su primer declive económico de finales del siglo XVI. Y así, entre los años 1.600 y 1.635, aparecieron en la Villa una serie de establecimientos ingleses y holandeses, que se iban haciendo cargo de las actividades industriales y mercantiles abandonadas por la población, que, a su vez, se iba haciendo rural.
Pese a ello, los bilbaínos no vieron con malos ojos la presencia de estos comerciantes extranjeros, ya que, de alguna manera, venían a sustituir la tradicional dependencia de Burgos, hasta la creación del Consulado Mercantil en 1.511. Podríamos incluso decir que tuvieron un efecto positivo.

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Y siguiendo con la crisis, entre los años 1.631 y 1.634 se produjo en Vizcaya, con un gran impacto en Bilbao, el conflicto que se conoce como “La Rebelión de la sal”.
Reinaba por entonces en España Felipe IV, que sucedió en 1.621 a su padre Felipe III. Ya en tiempos de éste, que abandonó la dirección del país en el Duque de Lerma, no pudo reorganizarse la hacienda. Pues bien, reinando aquél, que abandonó el Poder en manos del Conde-Duque de Olivares hasta que fue derribado en 1.643, se acabó de perder en 20 años cuanto quedaba de la buena situación anterior, refiriéndonos a Felipe II. Y todo esto nos salpicaba.
Volviendo al conflicto, la Real Orden de 3 de enero de 1.631, comunicada al Regimiento de Vizcaya el 18 del mismo mes y año, embargaba la sal que hubiese en el Señorío y había que ponerla estancada (de aquí también el nombre de “El Estanco de la sal”) de manera que, en adelante, no se vendiera sino por cuenta de la Real Hacienda. Además aumentó su precio en un 44%.
El intento de aplicar tal resolución, provocó varios amotinamientos:
- El primero fue el 23 de septiembre de 1.631, durante la celebración de la Junta General de Guernica. Fue una celebración tumultuosa, con asistencia de más de 1.500 vecinos. Este brote popular tuvo éxito y se consiguió que no se aplicase la disposición real.
- El segundo fue en 1.632 en Bilbao. El Corregidor quiso implantar el estanco de la sal, recrudeciéndose el motín y teniendo como resultado la muerte, a manos de los amotinados, del procurador de la Audiencia del Corregidor. Se movilizó en Bilbao un amplio espectro de la población y nuevamente los amotinados consiguieron sus objetivos, imponiendo sus reivindicaciones al Ayuntamiento de Bilbao.
- El tercero y último estallido del conflicto se produjo durante la Junta General de febrero de 1.633. Se congregaron en Guernica cerca de 2.000 marineros y campesinos armados con lanzas, pidiendo la sanción de 24 decretos. El conflicto continuó en 1.634 y el 24 de mayo de este año eran detenidos los 6 principales responsables, juzgados sumariamente y ejecutados.
Surgió una gran tensión entre las anteiglesias y la Villa. Los pueblos lo consideraban contrario a sus fueros. Los caballeros y diputados de Bilbao lo aceptaban. Los mercaderes bilbaínos, unidos inicialmente a los amotinados, se separaron después, ante las represalias que sufrieron. Durante varios días ningún casero bajó a Bilbao, que tuvo mucho que ver en la prisión de los responsables, en la sentencia y en su ejecución.
Existió una placa sobre el muro exterior de la iglesia de San Antón, que se colocó en los años inmediatamente anteriores a la guerra civil de 1.936 y que recordaba a estos “mártires de la foralidad”, cuyos nombres fueron esculpidos en placa de bronce con bajorrelieves, por Lucarini. La placa fue arrancada. Hoy se haya colocada otra más sencilla con los nombres de los ejecutados y con la fecha del día 24 de Mayo de 1.634.
Posteriormente, se suplicó al Rey Felipe IV que, una vez castigados los responsables de la rebelión, se librase al Señorío del impuesto de la sal, una sociedad en la que su uso era imprescindible, al utilizarse en la conserva del pescado y de la carne; se restituyese al Señorío en su antiguo Gobierno, ya que éste se puso en tela de juicio, y se le diese un veedor oficial para que el comercio no padeciese.
El mismo año 1.634 llegaría el perdón para los implicados en el motín y la corona otorgó lo que se había pedido, esto es, la no aplicación del estanco de la sal.

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A mediados del siglo XVII empieza a renacer la esperanza.
Bilbao pudo soslayar la crisis al ir concentrando las actividades mercantiles de la costa cantábrica. Así, mantuvo vivo su comercio, en detrimento de los puertos santanderinos y guipuzcoanos, que perdieron casi todo el tráfico de lana, la principal exportación castellana.
Esta actitud, en cierto modo complaciente, cambió hacia 1.680. Fue cuando los mercaderes bilbaínos diseñaron una estrategia para hacerse con la iniciativa comercial y captar los tráficos controlados, hasta ese momento, por los establecimientos extranjeros.
También se preocuparon de mejorar el acceso a la Meseta por Orduña. En 1.686, Consulado y Ayuntamiento bilbaínos colaborarían en dichas mejoras, empujados por el meteórico ascenso de la burguesía bilbaína a finales del siglo XVII.
Y en esta línea de recuperación y mejora, durante el último tercio del siglo que estamos estudiando, Bilbao se afana en acceder al pleno control del tráfico mercantil del Nervión. Así, a finales de siglo, el comercio sería el sector que dinamizaría la economía vizcaína, sustituyendo, en este papel, a la siderurgia.
El corolario fue la contundente reforma de las Ordenanzas Municipales de 1.699, disponiendo que ningún forastero ni extranjero pudiesen intervenir en el comercio bilbaíno. La iniciativa tuvo éxito, pese a que los extranjeros reaccionaron y fracasaron en su propósito.
Se consigue, con todo ello, el pleno control. Y los bilbaínos se convierten en los auténticos gerente económicos, nacionalizando el comercio.

Expansión territorial

En 1.654, se abrió un nuevo cauce de la ría, canalizándose por lo que hoy es el Campo de Volantín, y se formó la isla de Uribitarte. La función de esta obra era la de evitar nuevas inundaciones. La última tuvo lugar en 1.651. Los bilbaínos le llamaron Río de la Plata, porque, al parecer, costó un dineral.
En medio quedó la isleta que se explotó, ya en la segunda mitad del siglo XIX, como una especie de balneario local. En 1.858 se anunciaban en Bilbao los “Baños de agua salobre en Uribitarte”. Se ofrecía un servicio completo y las lanchas salían del Campo de Volantín. Esta isleta se cerraría en 1.870, formándose el muelle de Uribitarte.

Otros acontecimientos

-Religiosos:

En 1.643 fue proclamado Patrón de la Villa el Apóstol Santiago, quien ya era tenido como patrón natural de la misma. El Papa Urbano VIII lo proclamó.
En 1.675 se construyó el Colegio de Jesuitas, a donde posteriormente, en 1.770, se trasladaría la iglesia de los Santos Juanes. Más información en la Ficha nº 3.

-Civiles:

En 1.653 fue edificado el Matadero municipal en la actual calle Banco de España.
En 1.680 se construyó un edificio adosado al templo de San Antón y en ángulo recto a los arcos de la Ribera, en donde se instaló el Ayuntamiento de la Villa y el Consulado (Ver Ficha nº 11), demostrándose así la tan estrecha colaboración entre estas dos instituciones, que compartían la misma casa. Esta construcción facilitó la formación de la Plaza Vieja en esa zona de la Ribera, de donde partían las famosas Siete Calles.