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Entras en el habitáculo justo justo, cierras la puerta, compruebas que el espacio es francamente pequeño, dado a movimientos bien pensados y especialmente ajustados, piensas en los que sufren claustrofobia o en los "zulos" en los que nadie merece ser encerrado, y entonces, de pie, centrado en la diana, aflojas el esfinter, te relajas, miras el entorno y encuentras un motivo para sonreir.
Pegado en la pared lees un aviso con letra blanca y fondo negro con forma de nube, que dice :
"No correr ni saltar"
Y así, sonriendo, terminas tus necesidades fisiológicas con una sonrisa.
(Visto y fotografiado en Lanestosa)