Asistimos en España a un pulso testosterónico sobre quién tiene la patria más larga.
Y en ese forzado pulso gana siempre la ultraderecha, gana Trump,
que además dedica fondos millonarios a subvencionar los chiringuitos ultraderechistas europeos y españoles .
Las izquierdas aún pueden –y deben– defender unas políticas migratorias eficientes y respetuosas con los valores europeos y los derechos humanos.
No caigamos en la trampa del patrioterismo barato..

jueves, 17 de marzo de 2016

Donde no hay mata no hay patata, y en este caso, solo mala horchata.

Si en vez de gritar "Puto Vasco el que no bote" 
o "Que Viva España" en los alrededores de Mestalla 
hubierais gritado "Puto idiota el que les vote" 
o "A mí no me engañan" 
en los alrededores de la Generalitat Valenciana 
vuestra opinión quizá les dejaría de importar 
la mitad de nada al resto de la ciudadadanía.