lunes, 4 de enero de 2021

Fiestas ilegales, respuestas de los gobiernos y tetas al aire.

Harto estoy de ver estas semanas esas fiestas "ilegales" con las que nos entretienen los programas informativos. Harto y de mala leche por la ridícula respuesta, en mi opinión, que se dá desde las fuerzas de orden y las administraciones correspondientes.
Dicen que no tienen medios legales para pararlo.
Carajo
Si sois los que acaparáis los diferentes arcos parlamentarios, y sus gobiernos.
Si hay que cambiar las leyes ... hagase.
Y no se permitan semejantes actos de egoismo social e insolidaridad.


La imagen es de 
cronicaglobal.elespanol.com Me hago viejo. Y comparto la opinión de Rosa Palo en "El Correo" de hoy. Veo la imagen de la chica despelotada en la ‘rave’ de Llinars y lo primero que pienso es ‘ay, pobre, qué frío debe de estar pasando’. Si alguna vez me encuentro a algún familiar o conocido en plan ‘free the nipple’ abriendo un informativo por acudir a una fiesta ilegal, antes le echo una rebequita por los hombros que la bronca, que uno es más padre protector que represor. Y que peor sería pillarlo saliendo de un sarao en casa de Leticia Sabater. De esa sí que no me recupero.

En cualquiera de los dos casos, le pondría en bucle unas palabras de Julio Anguita para ‘Cultura x el cambio’ que se han recuperado estos días:
«Creéis que sois rebeldes, no sois rebeldes.
El rebelde es el que se cuestiona lo que hay.
Porque le contestéis mal a vuestra madre o a vuestro padre
no sois rebeldes.
Eso es falta de educación, pero no rebeldía (...).
A mí la pose de rebelde me sienta muy mal.
Estos que dicen ‘Yo soy muy rebelde. Yo soy anarquista’.
Si te vieran los anarquistas de verdad
te habrían pegado tres hostias porque te las mereces».

O cuatro, que lo de estos tíos no es ni rebelión ni lucha contra el orden establecido; es no querer perderse una fiesta, es egoísmo. Tan egoísta como el maximalismo político que lleva a la radicalización absurda, ya sea por la izquierda o por la derecha, ya vista chándal y pañuelo palestino o loden y pañuelo de Hermès.

De joven, jugar a la contra es una forma de encontrar tu lugar en el mundo; lo alarmante es ver que, veinte años después, algunos siguen en el mismo sitio, no sé si porque son eternamente jóvenes o eternamente tontos.

Y yo, que estoy muy viejo para según qué cosas, sólo pienso en el frío que pasan. El chándal y el loden, siempre acolchados. Por si acaso.