Hace ya tres años, en la Declaración del Milenio, las Naciones Unidas se fijaron el objetivo de reducir la pobreza a la mitad para 2015. Acordaron que se debía de perseguir sin pausa ese objetivo contribuyendo a la ejecución de planes nacionales de lucha contra la pobreza y reforzando nuestros mecanismos de cooperación internacional.

Así pues, con motivo de este Día Internacional, se hace necesario recordar dos cosas: Primero, que el plan no se está cumpliendo y que si seguimos así no se cumplirá ni el tímido objetivo programado. Segundo, que hay que reforzar el llamamiento de solidaridad y responsabilidad para combatir la indiferencia y ayudar a los más vulnerables.