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martes, 9 de octubre de 2018

MM-33-Martxa Motera. Fromista.


La Edad Media fue tiempo de plenitud para Frómista.
Y en los periodos menos floridos,
cuando se dice que tiempos pasados fueron mejores,
surgen los milagros que vuelven a atraer a la clientela:
El milagro
Un hecho de singular importancia acaecido en 1453 otorga al priorato de San Martín nueva fama, y el sobrenombre de "Villa del Milagro" a Frómista.
Un tal Pedro Fernández de Teresa pidió dinero prestado a un judío llamado Matudiel Salomón. Vencido el plazo, no devolvió el préstamo, y el judío le denunció a la autoridad eclesiástica, que le excomulgó. El hombre, como se vio excomulgado, pagó los dineros al judío, pero no se preocupó de confesarse y aclarar su falta. Cayó Pedro Fernández gravemente enfermo y pidió confesarse con el cura de San Martín, Fernández Pérez de la Monja, quien acudió a administrarle los últimos sacramentos.
Cuando el párroco quiso darle la Forma, ésta se hallaba adherida a la patena con tal fuerza que no pudo separarla. Perplejo, el sacerdote preguntó al enfermo si había ocultado algún pecado o si acaso estaba excomulgado. Acordóse Pedro de lo sucedido con Matudiel y se lo explicó al sacerdote, quien le absolvió y le dio a comulgar otra Forma. Después, Pérez de la Monja tomó la Forma del Milagro, tal como estaba en la patena y la colocó en custodia en San Martín. En la casa en la que acaeció el suceso se guarda la estola del sacerdote, ya deshilachada, y a la puerta aún se puede ver la llamada "piedra del milagro".