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lunes, 3 de diciembre de 2018

El nacionalismo español, engordado por el independentismo catalán, explica las corrientes de fondo que explotaron ayer en Andalucía.

eldiario.es/escolar/
Jugar-fuego-extrema-derecha
La extrema derecha siempre irrumpe así, con la frivolidad con la que se banaliza el mal; entre el oportunismo y el cortoplacismo de los partidos, entre la somnolencia de una gran parte de la sociedad.
Las elecciones andaluzas han sido las primeras del “a por ellos”, las primeras fuera de Catalunya tras el octubre catalán. Y ha sido en gran medida el nacionalismo español, engordado por el independentismo catalán, lo que explica las corrientes de fondo que explotaron ayer en Andalucía.

En el PSOE se las prometían muy felices con el ascenso de Vox. Nada mejor que dividir la derecha en tres bloques para que Ciudadanos y PP jamás pudieran gobernar. Ni en España ni mucho menos en Andalucía, donde hasta la noche electoral nadie llegó a plantearse seriamente la posibilidad de que la presidencia pudiese estar en peligro.

En Francia el Partido Socialista, en su momento, también pensó que dividir a la derecha le daría más posibilidades de permanecer en El Eliseo y, pocos años después, la segunda vuelta de las presidenciales francesas obligaban a elegir entre la derecha o la extrema derecha de Le Pen.

Que la derecha vaya a gobernar Andalucía por la irrupción de la extrema derecha cambia el mapa político español. El resultado va a radicalizar aún más el debate político nacional, va a disparar a Vox en las encuestas, va a extremar el discurso de los principales partidos sobre el modelo territorial, va a exagerar las diferencias entre la periferia y el nacionalismo español. Va a dar a luz una España peor.

En 2019 habrá elecciones municipales, autonómicas, europeas y –ya con seguridad– generales. Y todo puede pasar.