Dicen que, sin duda alguna, él es aquel que ayer tuvo su gran noche. Y aunque no sabe nadie la dificultad que ha conllevado el poner en pie esa celebración, todos sabían que ese concierto se convertiría en un gran escándalo.
Lo podemos tomar a chiste, pero no es admisible que mientras se está discutiendo el posible número de comensales en Navidad en las casas de la ciudadanía normal y corriente, y que muchas administraciones evitan todo tipo de eventos para dificultar los contagios, en el Madrid de Ayuso y del PP renegado se celebren encuentros de 5.000 personas.
Y en ese forzado pulso gana siempre la ultraderecha, gana Trump,
que además dedica fondos millonarios a subvencionar los chiringuitos ultraderechistas europeos y españoles .
Las izquierdas aún pueden –y deben– defender unas políticas migratorias eficientes y respetuosas con los valores europeos y los derechos humanos.
No caigamos en la trampa del patrioterismo barato..
