El que no tiene dudas, el que está seguro de todo,
es lo más parecido a un imbecil. (J.M. Caballero)
son los días que faltan, según Sanchez, para que el 70% de la población quede vacunada y así lograr la inmunidad de grupo.
Ánimo y responsabilidad

desde que Cataluña tiene un Presidente en funciones.
¿Tan difícil es para ERC soltarse de la sombra de Junts e intentar un Gobierno progresista para el país?

lunes, 3 de mayo de 2021

3 años sin ETA. Su legado sigue entre nosotros,
odio, sectarismo, etc, ... pero también lo venceremos.

 El 3 de mayo de 2018 'Josu Ternera' y 'Anboto' leyeron el comunicado de despedida: «ETA surgió de este pueblo y ahora se disuelve en él». Al día siguiente bastantes muros del País Vasco y Navarra aparecieron pintados con lemas como 'Eskerrik asko, ETA. Garaipenera arte' (Gracias, ETA. Hasta la victoria). 

ETA confesó su fracaso en diferentes comunicados internos. Reconocía que después de más de 3.500 atentados, 853 asesinatos, 2.632 heridos, 86 secuestrados y un número desconocido de amenazados, exiliados y damnificados económicamente, no había alcanzado su meta fundacional.
La democracia había prevalecido.
Por un lado, era evidente que la sociedad vasca rechazaba la violencia. No solo en las encuestas: el movimiento pacifista y cívico había recuperado la calle. Por otro, la Ley de Partidos (2002) dejó fuera de las instituciones al brazo político de la banda y sus siglas herederas. Y no pasaba nada especial.
Tasio Erkizia comentó en 2010 que había más razones que nunca para la lucha armada, pero menos condiciones objetivas y subjetivas. Por fín se daban cuenta. Correlación de fuerzas. ETA no podía más. En octubre de 2011 anunciaban el «cese definitivo» de su «actividad armada».
Intentaron edulcorar su derrota presentándola como una decisión unilateral. Entrega de armas voluntaria, ... Nadie les creyó. Ni los suyos. El desarme de la banda ya lo habían llevado a cabo las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Excepto un puñado de nostálgicos, como los que este fin de semana atacaron el Batzoki de Urduliz, nadie la echa de menos. Ahora bien, nos dejó un legado envenenado, un reto difícil, que debemos afrontarlo y también, ganarlo.