El que no tiene dudas, el que está seguro de todo,
es lo más parecido a un imbecil. (J.M. Caballero)
son los días que faltan, según Sanchez, para que el 70% de la población quede vacunada y así lograr la inmunidad de grupo.
Ánimo y responsabilidad

desde que Cataluña tiene un Presidente en funciones.
¿Tan difícil es para ERC soltarse de la sombra de Junts e intentar un Gobierno progresista para el país?

sábado, 1 de septiembre de 2007

No pienses en un elefante

Para terminar el periodo veraniego y comenzar el nuevo curso político con las pilas recargadas, sugiero la lectura de este libro, que ha sido recomendado hasta por Pepe Blanco en el Comité Federal de su Partido, se centra en el estudio del lenguaje político y en el dominio de la comunicación, algo que en las últimas décadas está indiscutiblemente en manos conservadoras.

¿Cómo enfrentar los avances políticos y electorales de la derecha norteamericana desde los tiempos de Ronald Reagan? ¿Por qué se han producido? Según el reputado lingüista G. Lakoff, por la capacidad de los estrategas republicanos de activar estructuras mentales inconscientes, que mueven nuestros comportamientos y nos impiden atender a la racionalidad de nuestros intereses, o a los meros datos de la realidad.

Breve e informal, ¡No pienses en un elefante! (el elefante es el símbolo del Partido Republicano) utiliza y difunde las investigaciones del Instituto Rockridge, único think tank progresista comprometido actualmente en los Estados Unidos con la tarea de un profundo cambio social a través del cambio de los marcos de referencia.

Lakoff nos ofrece “una guía práctica” para todos aquellos, activistas o no, interesados en la política. La idea surge de sus anteriores estudios sobre lenguaje: pensamos en términos de marcos mentales ( frames ) y metáforas. Cuando la información que recibimos no se conforma a los marcos asumidos e incorporados a nuestro cerebro, nos quedamos con los marcos e ignoramos los hechos Lakoff sostiene que los republicanos han conseguido activar, en una parte significativa de la población, la metáfora del “padre estricto”, una figura que define reglas de conducta, disciplina, castiga y educa con firmeza para un mundo competitivo. De esta forma, han logrado contrarrestar la influencia demócrata en la ciudadanía, movilizando representaciones como la del individuo expoliado por el Estado (para justificar la reducción de los impuestos) o mitos como el del carácter sacrosanto del matrimonio (para oponerse al matrimonio homosexual) ¿Cómo activar otros valores, principios y directrices políticas? ¿Cómo hacer, por ejemplo, que la apuesta por la paz y el diálogo sea más enérgica que el miedo al terrorismo?

Un libro que desarrolla con claridad y elocuencia los recursos que permiten definir las realidades públicas desde la afirmación de los conceptos y valores propios de los progresistas. En definitiva, un libro claramente reconmendable.