Europa debería aprovechar la oportunidad que ofrece la derrota del populismo euroescéptico en Hungría para avanzar en su integración antes de que la internacional ultranacionalista se recupere del golpe recibido.

martes, 1 de enero de 2019

Podría ser que este 2019 que acaba de empezar no fuera tan catastrófico como lo pintamos.

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Josep-Maria-Fonalleras
Podría ser que este 2019 que acaba de empezar no fuera tan catastrófico como lo pintamos. Podría ser que el Supremo tuviera un ataque de lucidez moral y que no echase más leña al fuego.
Podría ser que los presos fueran declarados culpables y que, una vez vista la sentencia, una alta instancia decretara un indulto no como un perdón sino como una posibilidad de enderezar las cosas desde la política y el diálogo y no desde la rabia y la venganza.
Podría ser que en las elecciones que están previstas (y en las que no lo están tanto) la extrema derecha no tuviera ninguna representación y que la derecha extrema se diera cuenta de que su discurso, basado en el desprecio y el afán de dominación y humillación, no tiene nada que hacer en un país donde la gente tiene ganas de vivir sin monstruos en la esquina.
Podría ser que el mundo no se acercara definitivamente a la frontera de la catástrofe y podría ser que los fascistas vieran como sus tesis radicales se hunden ante el empuje de una izquierda social y progresista. Podría ser que pasara esto y podría bien ser que pasara lo contrario.