Hemos vimos que la sociedad estadounidense votó contra las políticas que solo empobrecen.
Contra el odio. Contra el machismo. Contra el negacionismo climático y contra los privilegios de las élites.
Ocurrió en Brasil. Acaba de ocurrir en EEUU. Y ocurrirá pronto en España.
La ola ultra a la que pretenden subirse Feijóo y Abascal ya no crece: se desmorona.
Colaboremos en ello. Vota antifascismo. Vota progreso.

domingo, 19 de julio de 2020

Al de la pana de finales de los 70 se le está yendo la olla.

El expresidente Felipe González durante la presentación del informe 'Jóvenes, Internet y democracia', un evento organizado por la Fundación Manuel Giménez Abad y la Fundación Felipe González, en el Palacio de La Aljafería de Zaragoza/ Aragón (España), a 2
Todo menos entrar en el fondo del asunto: los dineros de la presunta corrupción del rey emérito. Las excusas son variopintas. En las últimas horas, hemos pasado de oír que solo es una operación para tumbar a la monarquía, a que Pablo Casado nos diga que es para tapar "el escándalo mayúsculo de Pablo Iglesias y Dina Bousselham" o Felipe González ha asegurado que es "una campaña contra el régimen del 78". Falta que alguien salga a decirnos que la culpa es de los tiburones de Fernando Simón.

Felipe González, que es un tipo listo, comprenderá que haya gente que se mosquee si también recuerda ahora lo que González respondió al preguntarle por Jordi Pujol. Con todo lo que se había publicado ya, el expresidente socialista afirmó: "Nunca he creído" que Pujol sea un corrupto y "me cuesta creer" lo que se cuenta del caso. Por entonces, el expresident ya había reconocido que tuvo una fortuna escondida en Andorra. Esta semana, el juez ha pedido que los Pujol se sienten en el banquillo acusados de "organización criminal". Nada, Felipe, poca cosa.