Europa debería aprovechar la oportunidad que ofrece la derrota del populismo euroescéptico en Hungría para avanzar en su integración antes de que la internacional ultranacionalista se recupere del golpe recibido.

domingo, 2 de febrero de 2020

Brexit, desgraciadamente, sus causantes, los de los grandes estropicios suelen irse de rositas, a veces entre aplausos.

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Ayer, cuando los británicos dejaron de formar parte del club de Bruselas, ni el Reino Unido ni la Unión Europea obtuvieron ningún beneficio. 

Al contrario, se trata de una separación amistosa que tendrá costes, pero la historia del mundo es la de los errores de sus pueblos, del resurgir de los demagogos, de la reaparición de los inventores de enemigos. 

La pena es que los errores no se pagan al día siguiente, sino que a menudo quien pasa por caja es la generación siguiente. Y lo injusto es que los causantes de los grandes estropicios suelen irse de rositas, a veces entre aplausos. 

A pesar de que el eco de sus desastres empiece a escucharse a lo lejos.