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desde el primer Estado de Alarma originado por la pandemia.
Y si no se renueva ... para que se acabe y volvamos a cierta normalidad.

domingo, 26 de abril de 2020

¿Elecciones en Euskadi?

El Lehendakari nos ha sorprendido esta semana con el anuncio de las elecciones que este virus ha obligado a aplazar. 

Desgraciadamente, cabe la posibilidad de que en las actuales circunstancias, el bazar de la precampaña electoral pueda convertirse en una subasta de medidas, a cual más simpática, respecto a la reactivación de la vida social y económica. Por esto tengo mis reticencias.

Por un lado, las ganas de todos los partidos políticos, por una parte claramente comprensibles, por dar buenas noticias impediría que alguna de las candidaturas se muestre ceniza respecto a la obligada proclama del final de la pandemia, porque, como decía ayer Aulestia en El Correo, quien subraye la persistencia de un riesgo latente tendría que cuestionar la propia celebración de los comicios, o cuando menos transmitiría al público la inconveniencia de acudir a los colegios electorales.

Por otro lado, la propuesta puede llevar a una alta abstención. Y ya sabemos que la abstención en este país no es proporcional al voto habitualmente otorgado. Es decir, se abstienen más los votantes de algunos partidos que de otros. Y eso, seguro que ni los representantes de los partidos beneficiados lo quieren porque resultaría un Parlamento menos acorde a la realidad. También conviene recordar lo que supuso la última convocatoria de las municipales francesas. 

El momento requiere el máximo de diálogo y participación crítica en la toma de decisiones. Por lo menos el mismo que reiteradamente requiere Urkullu del Gobierno del Estado.

Hoy, Alberto Ayala, "s
ospecha que Sabin Etxea y Ajuria Enea olfatean bien. Ello, la evidente debilidad de casi todos sus adversarios, parece la mejor invitación a acudir a las urnas ya. ¿Precipitado? Puede. Pero, con elecciones o sin ellas, aquí siguen faltando explicaciones y autocrítica. La más sangrante, por qué los poderes públicos han llegado tarde y mal a las residencias de ancianos, lo que ha agravado la tragedia. Una realidad que aún ignoramos centro a centro porque el PNV ha decidido actuar cual censor franquista, y ocultarla".