Asistimos en España a un pulso testosterónico sobre quién tiene la patria más larga.
Y en ese forzado pulso gana siempre la ultraderecha, gana Trump,
que además dedica fondos millonarios a subvencionar los chiringuitos ultraderechistas europeos y españoles .
Las izquierdas aún pueden –y deben– defender unas políticas migratorias eficientes y respetuosas con los valores europeos y los derechos humanos.
No caigamos en la trampa del patrioterismo barato..

jueves, 30 de abril de 2020

Vendría bien un poco de unidad y respeto a la ciudadanía.

No estamos ante un nuevo 11-M, que parece ser el modelo incendiario que tienen en la cabeza el sector dominante en el PP jaleado por su prensa más afín, la misma que mintió en las horas y en los días posteriores al atentado más grave de la historia de España con 193 muertos.
Aún no ha pedido perdón a los españoles, ni siquiera a sus lectores. Lo hicieron para no perder las elecciones del 14 de marzo de 2004 y seguir en el poder.

Pero existen más derechas que la de Pablo Casado y su cohorte, lo cual nos muestra una pequeña rendija de esperanza. Las hay dentro del PP si se escucha al presidente de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, o al alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, que está impartiendo un curso de sensatez y lealtad, no al Gobierno, sino al Estado al que pertenece y representa. Me imagino que sufre presiones para que se sincronice su discurso con el de Isabel Díaz Ayuso.

No es tan fácil gobernar, y menos en estas situaciones tan extremas. Vendría bien un poco de unidad y respeto a la ciudadanía.