
Si bien es cierto que toda generalidad, por grande que sea, tiene sus excepciones. Y esta, sin duda, es una de ellas.
Lástima que el torturador haya muerto sin que le sean retirados los honores y las pagas de más que nunca ha merecido. Lástima.
Lo único bueno es que como muchos franquistas/católicos de misa diaria, se habrá ido pensando que se le abrirían las puertas del infierno. Amén.