Asistimos en España a un pulso testosterónico sobre quién tiene la patria más larga.
Y en ese forzado pulso gana siempre la ultraderecha, gana Trump,
que además dedica fondos millonarios a subvencionar los chiringuitos ultraderechistas europeos y españoles .
Las izquierdas aún pueden –y deben– defender unas políticas migratorias eficientes y respetuosas con los valores europeos y los derechos humanos.
No caigamos en la trampa del patrioterismo barato..

sábado, 2 de mayo de 2020

Lealtad, aunque sea la de los ladrones

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Es muy cansino que siempre tengamos que hacer bueno a Goya y a su duelo a garrotazos, pero es que nos va la marcha y preferimos reñir a colaborar que, por civilizado, es mucho más aburrido que partir crismas, sobre todo si la que se rompe es la de enfrente. 

De las cuatro reglas básicas, nuestra preferida es la división. Somos poco dados al acuerdo y mucho a la disputa y jamás relativizamos con la verdad, que es un concepto del que solemos apropiarnos en exclusiva. En este sentido, España nunca ha dejado de ser una pintura negra que nos retrata en permanente guerra con nosotros mismos.