Europa debería aprovechar la oportunidad que ofrece la derrota del populismo euroescéptico en Hungría para avanzar en su integración antes de que la internacional ultranacionalista se recupere del golpe recibido.

viernes, 20 de noviembre de 2020

Era repugnante y bochornoso ver a las huestes del pimpollo Casado y el caudillo Abascal pedir libertad a gritos, con la cara desencajada.

Dos cosas han impactado esta semana en esa desagradable bronca del Congreso que ha montado nuestra bicéfala derecha, vociferante y grosera.

La primera es que sabíamos que se aprobaba una ley que ha nacido medio muerta, porque nunca, nunca, la aceptarán los ideólogos reaccionarios y sus obispos, ni quienes se lucran con grandes dineros en la enseñanza privada. Jamás dejará esa España devota de Frascuelo y de María que haya ciudadanos libres.

Por eso era repugnante y bochornoso ver a las huestes del pimpollo Casado y el caudillo Abascal pedir libertad a gritos, con la cara desencajada. ¿Ellos, los que siempre la han perseguido, exigen libertad? Será para sus misas y sus dineros. Eso sí: por ahora, ajo y agua.

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