«Dentro de veinte años estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste que por las que hiciste.
Así que suelta amarras. Aléjate del puerto seguro. Aprovecha los vientos favorables para desplegar tus velas.
Explora. Sueña. Descubre» - H. Jackson Brown

viernes, 20 de noviembre de 2020

Era repugnante y bochornoso ver a las huestes del pimpollo Casado y el caudillo Abascal pedir libertad a gritos, con la cara desencajada.

Dos cosas han impactado esta semana en esa desagradable bronca del Congreso que ha montado nuestra bicéfala derecha, vociferante y grosera.

La primera es que sabíamos que se aprobaba una ley que ha nacido medio muerta, porque nunca, nunca, la aceptarán los ideólogos reaccionarios y sus obispos, ni quienes se lucran con grandes dineros en la enseñanza privada. Jamás dejará esa España devota de Frascuelo y de María que haya ciudadanos libres.

Por eso era repugnante y bochornoso ver a las huestes del pimpollo Casado y el caudillo Abascal pedir libertad a gritos, con la cara desencajada. ¿Ellos, los que siempre la han perseguido, exigen libertad? Será para sus misas y sus dineros. Eso sí: por ahora, ajo y agua.

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